Es curiosa la manera en que Roberto Barrionuevo se dio cuenta de la importancia del pelo. Sí, del pelo. Ocurrió en 2008. El programa "Talento Argentino" reclutaba candidatos al éxito en Tucumán y él, intérprete de canciones mexicanas, había quedado preseleccionado para presentarse ante el jurado. La noche anterior al casting, Barrionuevo tuvo, sin embargo, la más nefasta de las ideas: salir poco abrigado en una noche helada. No hubiese sido tan importante una campera como una gorra: "¿ves que soy un poco pelado? Bueno, el frío me entró justo por ahí -dice, y se señala la calva-. Al otro día estaba tan ronco que no podía articular ni una sílaba".

El casting fue, por supuesto, un desastre. Barrionuevo no faltó, porque a sus 58 años el sentido de la responsabilidad es una de las columnas que sostienen su carrera, pero reconoce que merecía las cruces de los jueces. Ese comienzo con el pie izquierdo en la ruta de los realitys parece haber signado cada nueva esperanza de este cantante en las convocatorias de los programas porteños. Pese al aluvión de ciclos que han recorrido el país buscando voces ganadoras, él nunca pudo superar la fase de prueba. Para explicárselo, aventura una hipótesis casi de niño de barrio: "yo soy amigo de los realitys, pero ellos no son amigos míos".

Y ha de ser amigo en verdad, porque se presentó a todos. Enfrentó al jurado de "Talento Argentino" y al de "Soñando por Cantar", y soportó las filas de "otros más chiquitos" como "Escalera a la fama" o "Tu minuto de gloria". Hace dos meses, en un nuevo casting que el programa de Mariano Iúdica realizó en Famaillá, el mariachi creyó haber accedido por fin a la oportunidad que esperaba: los productores no solo lo seleccionaron, sino que además le confiaron que había sido el único de los postulantes en ser calificado con un 10. Pero nunca más la producción de Ideas del Sur volvió a comunicarse con él. Y el ciclo ya no se emite más.

"No quería ganar los concursos, sino mostrarme, usarlos como vidriera. Cada puerta cerrada me dejó un sabor amargo. ¿Por qué sigo? Porque en cada presentación los locales se llenan y el público me ovaciona. En definitiva, es la gente la que te lleva al estrellato".

Confiado en el juicio de esa gente, y con el anhelo de triunfar en el mercado que considera más favorable, el de Buenos Aires, Barrionuevo decidió hacerse ver por sus propios medios: viajó a la Capital Federal y a Colonia (Uruguay), pidió hablar con los dueños de sendos bares con shows musicales y les solicitó la chance de mostrar su arte. "El porteño era más bien cerrado, tosco, y me lo permitió, pero con la condición de que solo hiciera tres canciones. Terminé cantando 12: el público estaba loco". Algo similar le ocurrió en el país vecino.

El cantante volverá el mes que viene a esos locales, pero ya no para suplicar atención, sino como artista invitado, con una remuneración acorde con su espectáculo. Los barrios porteños de Saavedra y Villa Urquiza ya están empapelados con afiches y gigantografías del mariachi tucumano que desde esa trinchera intentará conquistar a la audiencia nacional. "E internacional, por qué no", agrega. Que vaya traduciendo "Malagueña salerosa" al inglés.